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Adivina el nombre de Bermúdez; está en el medio de todo el edificio pero no alineada con el puente nuevo que le da acceso.

Estas edificaciones sufrieron importantes modificaciones en torno al año 1845 en los molinos de la derecha de la puerta acomodando en ellos siete piedras francesas de pedernal de la Ferté de las que aún quedan dos cerrando alguno de los molinos.

También se agregó una casa para el servicio del molino, que parece ser el último molino de la derecha. Se levantó también el piso alto de esta parte de la derecha y se cambiaron las vigas.

La parte izquierda no tiene piso alto. A los molinos de este lado se las denomina comunes mientras que a los otros se les denomina franceses. La palabra común parece significar que tenían las ruedas de granito, al estilo del país mientras que los otros de pedernal.

El grano de trigo que se molía para los harineros de A Coruña era triturado en los franceses, por lo cual se puede deducir que la mezcla y el grano de la comarca era molido en los comunes que estaban a la izquierda.

Siguiendo río arriba, un profundo canal traía el agua de la parte alta del terreno, por detrás de los edificios con un desnivel sobre el suelo de más de metro y medio al que se añadía otro metro más si contamos con los niveles en los que iban puestos los rodeznos o ruedas horizontales motrices de los molinos; así la presión del agua era la correspondiente a una altura de 2,50 metros aproximadamente lo que proporcionaba la fuerza motriz suficiente.

Este canal tenía un aliviadero que hoy se conserva, su fin era evitar el exceso de agua en la presa, ya que su presión podía tirar la pared del molino.

Una compuerta grande de 2 o 2,5 m2 de superficie, permitía la entrada de agua desde el canal de alimentación hasta el embalse de la presa alargándose por todo el edificio.

Pasando la puerta de entrada de los molinos, a derecha e izquierda, se encuentran dos puertas que comunicaban con dos grandes salas de molturación y en la parte trasera de esta estancia había una escalera con una puerta que comunicaba con la presa y con un muro que la dividía del camino que lleva a San Pantaleón.

En este muro se encontraba otra compuerta algo menor que daba paso al agua que movía los molinos de la derecha o franceses.

En las ruinas se conservan colocadas, aún en su sitio, dos muelas francesas de las siete que antiguamente había; en el aro interior, en el llamado ojo de la muela, llevan una inscripción: “Societé Meuliere. La Ferté-sous-Jouarre”, son las famosas piedras francesas del molino.

Los avances de los mecanismos dieron mayor rapidez a las muelas refrigerando las harinas y realizando la criba del grano de forma automática lo que permitió la simplificación del trabajo manual y un aumento en la producción de harina.

 
 
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