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Hoy en día todos conocemos algún pueblo que creció hasta convertirse en el dormitorio de alguna gran ciudad.

Son pueblos que aparentan progreso, pero que cuando sus vecinos van a trabajar a la ciudad quedan vacíos, como fantasmas que no tienen vida.

También conocemos otros pueblos que en época de fiestas y temporada de verano se convierten en lugar de diversión y destino turístico y parece que tienen vida propia pero, cuando estas gentes se van, la vida desaparece de sus calles y comercios.


Hay también en el rural otros Concellos en los que la emigración de los jóvenes los convirtió en envoltorios huecos sostenidos por el amor a la tierra de sus mayores, pero que poco a poco van abandonando sus aldeas hasta convertirlas en ruinas semejando tener un encanto por la morriña de lo que algún día fueron.

Sin embargo existen otros Concellos que no aceptan este destino, sin vida propia para el rural, que luchan día a día por su futuro, que avanzan a base de promocionar el empleo, de abrirse a la innovación y de mejorar la calidad de vida de sus vecinos sin descuidar las tradiciones, conservando su patrimonio histórico y respetando su medio ambiente.

Señoras y señores, yo tengo la fortuna de ser Alcalde de uno de estos Concellos: Paderne.

Un Concello capaz en el trabajo, capaz de vibrar en la emoción de conservar lo antiguo y de innovar inteligentemente para ser de hoy.

Un pueblo en el que sus vecinos, a fuerza de saber de donde venimos, sabemos perfectamente a donde vamos.

 
D.César Longo Queijo, Alcalde de Paderne
   
   
   
   
   
Feria de Paderne: