Antigua
fuente y balneario de aguas sulfurosas, situado
en el Bocelo, en la parroquia de Vilamourel,
a orillas del río Mandeo.
Los dos edificios del Balneario, son del
siglo XX, hoy en estado ruinoso; la fuente
aún existe y de ella siguen bebiendo
algunos vecinos. Los accesos están
en mal estado.
Los dos edificios son de planta rectangular
con dos pisos. Uno de ellos está pegado
al manantial y al lugar en el que se encuentra
la fuente al aire libre con tres pequeños
pilones de piedra, uno parece ser un pequeño
depósito y los otros dos pías
para lavarse descendiendo hacia ellas por
unas escaleras de piedra. En el interior
aún se pueden ver las bañeras
y una caldera de hierro en las que se calentaba
agua para los baños haciendo fuego
debajo. En el otro edificio, más grande,
no quedan restos, por lo que podría
estar destinado a dar posada a gente que
allí acudía a curar sus dolencias.
El caudal de la fuente es pequeño y
frío. Las aguas presentan un ligero
sabor a huevos podridos; discurren por un caño
que alguien colocó recientemente sobre
un agujero que se abre en el muro hasta la
mina. Tanto el caño como la piedra sobre
la que van a caer están teñidos
de restos blancos característicos del
azufre.
El balneario fue muy concurrido en los
años 30, pero un incendio lo arrasó en
la década de los 40 quedando sumido
en el olvido. Las aguas se usaban en bebida
para tratamiento de trastornos del hígado
y en baños para el reuma y la piel.
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